Asociación de Caballeros Católicos

 Que tu palabra Señor sea antorcha para mis pasos,

luz para iluminar mi camino"

Salmo 119, 105

¡El hombre es amado por Dios!

Éste es el simplísimo y

sorprendente anuncio del que

 la Iglesia es deudora respecto

del hombre. La palabra y la vida

de cada cristiano pueden y

deben hacer resonar este anuncio:

¡Dios te ama, Cristo ha venido

por ti; para ti Cristo es el Camino,

la Verdad y la Vida!

CHRISTIFIDELES LAICI
Juan Pablo II

 

Que en el mundo haya

tadavía hombres vivos, demuestra que éste no está

fundamentalmentado sobre la fuerza de las armas,

sino sobre la fuerza de la

verdad y el amor.

Si la suma de las fuerzas del mundo fuera destructiva,

éste se habría acabado

hace muchísimo tiempo.

Servir es una religión

y yo he abrazado esta fé,

seguro de que sólo sirviendo

se puede alcanzar a Dios.

Quien se entrega a Dios,

que es Verdad,

se convierte en canal vivo

de la fuerza de la verdad.

Nos hacemos semejantes a Dios

en la medida que practicamos la no violencia.

La verdad

implica amor y constancia.

Mahatma Gandhi

¿Qué es la Nueva Evangelización?


La Nueva Evangelización tiene como punto de partida la certeza de que en Cristo hay una «" inescrutable riqueza" (Ef 3, 8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna época, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para enriquecernos» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 6). Hablar de Nueva Evangelización es reconocer que existió una antigua o primera. Sería impropio hablar de Nueva Evangelización de tribus o pueblos que nunca recibieron el Evangelio. En América Latina se puede hablar así, porque aquí se ha cumplido una primera evangelización desde hace 500 años.

Hablar de Nueva Evangelización no significa que la anterior haya sido inválida, infructuosa o de poca duración. Significa que hoy hay desafíos nuevos, nuevas interpelaciones que se hacen a los cristianos y a los cuales es urgente responder.

Hablar de Nueva Evangelización, como lo advirtió el Papa en el discurso inaugural de esta IV Conferencia, no significa proponer un nuevo Evangelio diferente del primero: hay un solo y único Evangelio del cual se pueden sacar luces nuevas para los problemas nuevos.

Hablar de Nueva Evangelización no quiere decir reevangelizar. En América Latina no se trata de prescindir de la primera evangelización sino de partir de los ricos y abundantes valores que ella ha dejado para profundizarlos y complementarlos, corrigiendo las deficiencias anteriores. La Nueva Evangelización surge en América Latina como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Implica afrontar la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo de América Latina.

Para Juan Pablo II la Nueva Evangelización es algo operativo, dinámico. Es ante todo una llamada a la conversión (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 1) y a la esperanza, que se apoya en las promesas de Dios y que tiene como certeza inquebrantable la Resurrección de Cristo, primer anuncio y raíz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana, principio de toda auténtica cultura cristiana (cf. ib., 25). Es también un nuevo ámbito vital, un nuevo Pentecostés (cf. ib., 30 -31) donde la acogida del Espíritu Santo hará surgir un pueblo renovado constituido por hombres libres conscientes de su dignidad (cf. ib., 19) y capaces de forjar una historia verdaderamente humana. Es el conjunto de medios, acciones y actitudes aptos para colocar el Evangelio en diálogo activo con la modernidad y lo post -moderno, sea para interpelarlos, sea para dejarse interpelar por ellos. También es el esfuerzo por inculturar el Evangelio en la situación actual de las culturas de nuestro continente.

Los "requisitos" para la nueva evangelización


Mons. Ruiz Arenas enumeró luego una serie de requisitos para emprender esta tarea, entre los cuales está primeramente "dar primacía a la gracia", como decía Juan Pablo II: "es decir tenemos que ser conscientes que es el Espíritu Santo quien obra en la Iglesia. No podemos caer en la tentación de pensar que son nuestras obras y nuestros programas los que producen los resultados, la conversión".

Un segundo requisito es "vivir como auténtico discípulo misionero. El discipulado es una realidad que no se puede vivir de manera aislada, individual, sino que hay que vivirla en comunidad. El Señor fue escogiendo y llamando a sus discípulos. Hoy también nos llama a cada uno de nosotros y nos da una misión. Tenemos que vivir el gozo de sentirnos llamados y amados por el Señor".

El tercero es tener una gran generosidad, mientras que el cuarto consiste en que "toda la actividad de la Iglesia debe ser una expresión de amor y de servicio, que ha de buscar el bien integral del ser humano. Más aún, en muchas circunstancias ese amor habla por sí solo y se constituye en una forma de evangelizar, pues a través de su actuación –así como por su hablar, su silencio, su ejemplo- hacemos creíble lo que anunciamos y lo que celebramos".

Un quinto requisito fundamental es la oración: "es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. Vivimos con gran agitación y continuo movimiento, lo cual desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del ‘hacer por hacer’".

Un sexto punto a tener en cuenta es la centralidad de la Eucaristía, que "encierra en sí misma el núcleo del misterio de la Iglesia y constituye la fuente y cima de toda la vida cristiana. En ella se celebra con gozo el misterio de la fe, ya que hace presente el acontecimiento central de nuestra salvación y realiza la obra de nuestra redención, actualizando siempre en el tiempo el sacrificio redentor de Cristo".

Un séptimo requisito es la lectura constante de la Palabra de Dios: "urge a tener una confianza y familiaridad con la Sagrada Escritura, para que sea como una brújula que indica la vía a seguir, con la ayuda de testigos y maestros, que caminen con ellos y los lleven a amar y a comunicar a su vez el Evangelio, especialmente a sus coetáneos, convirtiéndose ellos mismos en auténticos y creíbles anunciadores. En este sentido es bueno familiarizarnos con el método de lectura orante de la Sagrada Escritura, por medio de la lectio divina".

Finalmente el Prelado recordó a los jóvenes el llamado de Juan Pablo II de "remar mar adentro" para ser "evangelizadores de los demás: de su familia, de sus amigos y compañeros y de todos aquellos cuya fe es débil o tienen miedo de entregarse al Señor. Hoy son ustedes, los Apóstoles de la Nueva Evangelización".

El Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización fue creado por el Papa Benedicto XVI en junio de 2010 para alentar este proceso especialmente en Europa y Estados Unidos, lugares de antigua tradición cristiana en donde ahora se vive un proceso de profunda secularización.

Entre las tareas que tiene el dicasterio, presidido por el Arzobispo Rino Fisichella, están la promoción y divulgación del Catecismo de la Iglesia Católica que el próximo año cumple 20 años de su publicación durante el pontificado de Juan Pablo II.

La creación de este nuevo dicasterio está en sintonía con la realización del Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización que se celebrará en el Vaticano en octubre de 2012.

Noticias y Eventos

El domingo 7 de noviembre los Caballeros Catolicos asistimos a la visita pastoral del Arzobispo de Miami a la parroquia de San Juan el Apostol.


http://www.youtube.com/watch?v=brA1gqCKd_U

Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones.

Los fieles laicos –debido a su participación en el oficio profético de Cristo- están plenamente implicados en esta tarea de la Iglesia. En concreto, les corresponde testificar cómo la fe cristiana –más o menos concientemente percibida e invocada por todos- constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Esto será posible si los fieles laicos saben superar en ellos mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar cotidiana, en el trabajo y en la sociedad, esa unidad de vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud.

Repito, una vez más, a todos los hombres contemporáneos el grito apasionado con el que inicié mi servicio pastoral: ‘¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas tanto económicos como políticos, los dilatados campos de la cultura, de la civilización, del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo sabe lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo El lo sabe! Tantas veces hoy el hombre no sabe qué lleva dentro, en lo profundo de su alma, de su corazón. Tan a menudo se muestra incierto ante el sentido de su vida sobre esta tierra. Está invadido por la duda que se convierte en desesperación. Permitid, por tanto –os ruego, os imploro con humildad y con confianza- permitid a Cristo que hable al hombre. Sólo El tiene palabras de vida, ¡sí! de vida eterna’.

Abrir de par en par las puertas a Cristo, acogerlo en el ámbito de la propia humanidad no es en absoluto una amenaza para el hombre, sino que es, más bien, el único camino a recorrer si se quiere reconocer al hombre en su entera verdad y exaltarlo en sus valores.

CHRISTIFIDELES LAICI
Juan Pablo II