En todos los tiempos el laicado ha sido la medida del espíritu católico.
Los laicos salvaron la Iglesia en Irlanda hace tres siglos y la traicionaron en Inglaterra. Nuestros dirigentes fueron fieles pero nuestro pueblo fue cobarde.
Debéis ser capaces de expresar lo que sentís y lo que pretendeís, además de sentirlo y pretenderlo; capaces también de llevar a la comprehension de otros las ficciones y falacias de nuestros adversarios y capaces de responder las acusaciones contra la Iglesia a la satisfacción, no de los fanáticos, sino de los hombres de buen sentido.
John Henry Cardenal Newman, 1839